Ir al contenido principal

No se amar como aquí juegan.

Hay un poema de Edel Juárez que dice "No se amar como aquí juegan".  Y de verdad ¿de qué se trata ese juego del amor?. Digamos que si fuese una entrada de Pocker, yo ya hubiera perdido olímpicamente, porque muestro mis cartas, al mentir me delato y soy pésima para las matemáticas.

Sin embargo, suceden cosas extrañas en ese juego. Yo voy resignada a los resultados azarosos porque, no soy una buena jugadora. Buena apostadora, pero mala en mis habilidades de juego. Mi corazón hace resultados contra todos los pronósticos e impulsa mi razón a mantenerme dentro de un mal juego que a ratos me da algunas alegrías.

Eso tiene sus resultados.  Me he convertido en una persona huraña, que en cuanto ve que alguien se acerca piensa dos cosas (una peor que la otra): necesita algo de mi o sólo quiere jugar. Admito que en esto casi no me equivoco, salvo contadas ocasiones. Lo peor es cuando descubro que quiere ambas cosas. Por lo tanto desconfío. No huyo, pero si desconfío. 

Me he vuelto una No Creyente que espera un milagro.

¿Será momento de volverme a renovar?

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cheque en Blanco, la verdadera historia.

Cheque en Blanco es una de esas canciones, que a las mujeres -e inclusive a los hombres- les emociona al escucharla.  Las mujeres nos sentimos más  machotas y le decimos a los pérfidos hombres lo que pensamos de su mal gusto. La canción no la compuso una mujer arrabalera. Todo lo contrario, la compuso Emma Elena Valdelamar, una mujer culta, de mucho mundo y bastante guapa en su juventud.  Ya escribí un post anterior de Emma Elena, mencionando cosas que se me hacen interesantes de su canción  Mucho Corazón .  Ahora que en nuestras épocas la hizo famosa Paquita la del Barrio, ya que resulta bastante suigeneris al cantar, porque cantantes cubiertas de lentejuelas hay en muchos bares.

En horas hábiles...

En horas hábiles guardar silencio. A veces debería guardar silencio, callar lo que veo, lo que escucho, voltear la cara y no darme cuenta; volver a mis oídos ciegos, y a mis manos mudas, a mi lengua un trapo y a mi corazón de mármol. Tendría que atar mis pasos, quemar mis ojos, pero resulta que no puedo. No vivo por pasar el rato ni acumulo ideas para ser más sabio ni me grabo lo que escucho para repetirlo solo, siempre a solas, bien alto. Peleé con algunos por lo que hago, un día crecieron notas de mis dedos y fueron otros los que las tocaron, me propuse extrañar tan sólo en un horario. Hablo de amor porque lo busco, intento comprenderlo y no me es fácil. Evito la intelectualidad tanto como puedo y me aburro como nunca con quien me toma por eso. Pasa que no estoy listo, nunca estoy listo, y todo me sorprende y me provoca. Me extrañan tanto los aplausos como los abucheos. Yo no espero otra cosa que no sea entendimiento, dejar una semilla curiosa que germine...