Los ángeles se encuentran en lugares tan extraños e inesperados, como el baño de un Sanborns. Eran las tres de la mañana cuando abrió los ojos. Tomando en cuenta que los cerró a las doce, no era mucho tiempo el que pasó con el cerebro en estado alfa. Miró el techo y se quedó sumergida en sus pensamientos. Repasaba una y otra vez lo que pudo haber salido mal. Buscaba la cuchara que le ayudaría a recoger los restos de su ser. Y seguía viendo el techo. Las horas no avanzaban, el sueño no llegaba, los minutos se hacían cada vez mas lentos y no encontraba respuesta alguna. El dolor tampoco disminuía. Y así hasta el amanecer.
¿Y a ti a qué te sabe la vida?