La receta para olvidar es muy sencilla: Tiempo, abstinencia (de esa persona) y soledad. Lo más importante es la abstinencia, porque aunque no veas al objeto del muy pretendido olvido, si la tienes presente en la mente y el corazón, jamás podrás envolverlo del mismo. Es como el alcohol: pensar en el 'objeto' se vuelve un vicio.