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No hagas, lo que no quieras que te pase...

Es una tendencia bastante estúpida del ser humano sentirse más listo que los demás.  Esa subestimación de los terceros parece que es parte de la naturaleza de muchos humanos.   Sin embargo, cuando esta sale a la luz no quedan muy bien parados.  No lo hagan jamás.  Los humanos (sobre todo las mujeres) nos hacemos tontas pero realmente no lo somos. Ayúdate a ti mismo. No quedes como un reverendo imbécil, pero sin embargo el día de hoy yo:

Advertencia

Me acuso de ser yo...

Es difícil ser uno mismo, cuando lo comparan con los demás.  Esa horrorosa labor que se da la gente de querer que encajes con cierto perfil.  Diaria. Constante. En todos los aspectos. Se siente como cuando mi jefa me llama a su oficina y me dice "fulanito hizo ésto, es lo que quiero, allí le encargo".  Como si a las enchiladas se les forzara a ser chilaquiles.  Aparentemente son lo mismo, pero no son igual.  Y más para una persona como yo que se ha dedicado desde pequeña a romper  moldes involuntariamente. Imaginen a una niña de un pueblo lechero hablando de poesía.  Era una marciana para los demás niños, y tuve que jugar a ser como los demás para tener amiguitos.  Hasta la fecha tengo esa maldita sensación de no pertenecer absolutamente a ningún lugar.

Turandot y el Príncipe Azul

Turandot fue compuesta por Giaccomo Puccini en 1926 y la historia gira al rededor de una cruel princesa china. Turandot es una de mis óperas favoritas.  Dramática como soy no se podría esperar menos, sin embargo cometo ese grave pecado que en la ópera se considera de mal gusto: siempre lloro. Dentro de la antes mencionada ópera está mi aria favorita: Nessun Dorma.  La prefiero con Pavarotti aunque se la disculpo a todo mundo, pero ésta hermosa pieza que siempre hace que termine llorando como María Isabel (bueno, ella se durmió) también me ha retorcido la mente.

El el mar la vida es mas sabrosa....

Estoy esperando abordar el avión dde regreso al DF.  Mazatlán es una experiencia catártica para mí, y en esta ocasión pasé unos dias divertidos cometiendo el pecado menos original pero si más visible y placentero de todos.  Esta vez tuve un cómplice, sin el cual la experiencia no hubiera sido la misma. Ambos nos envolvimos en ese torrente de placer terrenal.  Ese pecado capital que no perdona y que además lo traes tatuado en el cuerpo como la letra escarlata.   El y yo. Tú y yo.  Ambos disfrutando al mismo tiempo,  con diferentes intensidades.  A veces yo ya no podía más.  A veces el se rendía primero, pero ambos solidarios ante ese ritual de complicidad que solo el compañerismo de muchos años puede conseguir. Pero como mencioné al principio: todo se descubre.  ¡Mi vestido ya no me quedaba! En las fotos se notaba.  Y mi cara lo refleja ahora. To...

En este día...

Sólo quiero decirte

Un nuevo día. ..

Construye una buena semana.