Ir al contenido principal

Estimado Señor...

Disculpe usted que lo moleste.  Sé que no es el momento, ni siquiera el lugar, pero probablemente no tendré otra ocasión de encontrarlo.  Sólo le quitaré unos minutos de su tiempo, es más, si no se fija, ni siquiera perderá un segundo, sólo déjeme expresarme, será la única ocasión en que lo haga.  Posteriormente, no importando su respuesta no lo volveré a mencionar.

Al saber de usted, he comprendido que nací en una época incorrecta.  Debí haber nacido más o menos en la época que mi madre nació.  O unos años después, pero no cuando nací.  De haber nacido en esa época puedo decirle, mi estimado Señor, con toda seguridad que me hubiera conocido, y hubiese hecho todo lo posible porque coincidiéramos ya no tanto en tiempo, si no en espacio.  Adoro sus letras, adoro su voz, lo adoro a usted.

No se si usted se hubiera enamorado de mi, como yo lo estoy de usted.  Lo que sí le garantizo, mi querido señor, es que por lo menos, su hijo - ese que se contagia de su majestuosidad sin conseguirlo- , no sería tan pendejo...




Comentarios

Entradas populares de este blog

Cheque en Blanco, la verdadera historia.

Cheque en Blanco es una de esas canciones, que a las mujeres -e inclusive a los hombres- les emociona al escucharla.  Las mujeres nos sentimos más  machotas y le decimos a los pérfidos hombres lo que pensamos de su mal gusto. La canción no la compuso una mujer arrabalera. Todo lo contrario, la compuso Emma Elena Valdelamar, una mujer culta, de mucho mundo y bastante guapa en su juventud.  Ya escribí un post anterior de Emma Elena, mencionando cosas que se me hacen interesantes de su canción  Mucho Corazón .  Ahora que en nuestras épocas la hizo famosa Paquita la del Barrio, ya que resulta bastante suigeneris al cantar, porque cantantes cubiertas de lentejuelas hay en muchos bares.

En horas hábiles...

En horas hábiles guardar silencio. A veces debería guardar silencio, callar lo que veo, lo que escucho, voltear la cara y no darme cuenta; volver a mis oídos ciegos, y a mis manos mudas, a mi lengua un trapo y a mi corazón de mármol. Tendría que atar mis pasos, quemar mis ojos, pero resulta que no puedo. No vivo por pasar el rato ni acumulo ideas para ser más sabio ni me grabo lo que escucho para repetirlo solo, siempre a solas, bien alto. Peleé con algunos por lo que hago, un día crecieron notas de mis dedos y fueron otros los que las tocaron, me propuse extrañar tan sólo en un horario. Hablo de amor porque lo busco, intento comprenderlo y no me es fácil. Evito la intelectualidad tanto como puedo y me aburro como nunca con quien me toma por eso. Pasa que no estoy listo, nunca estoy listo, y todo me sorprende y me provoca. Me extrañan tanto los aplausos como los abucheos. Yo no espero otra cosa que no sea entendimiento, dejar una semilla curiosa que germine...