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Las Marquesitas...

Comparto con ustedes un fragmento de mis vacaciones de Semana Navidad.  Ese día coincidimos todos en el parque de Calkini, y escuchan una plática entre mis primas y yo (hablamos igualito). También esta Doña Juany, que le quiere robar el secreto de las marquesitas al marquesero.  

Para quienes no las conozcan, las marquesitas son un snack de reciente creación pero de gran penetración en el sureste de nuestro país. Según esto lo inventaron en Mérida y consisten en masa crocante de barquillo relleno de queso edam.  La combinación a pesar de ser simple es deliciosa.  Son mi delirio he de confesar.

Pues bien les comparto este pequeño fragmento de mi vida y de uno de mis alimentos favoritos.

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Cheque en Blanco es una de esas canciones, que a las mujeres -e inclusive a los hombres- les emociona al escucharla.  Las mujeres nos sentimos más  machotas y le decimos a los pérfidos hombres lo que pensamos de su mal gusto. La canción no la compuso una mujer arrabalera. Todo lo contrario, la compuso Emma Elena Valdelamar, una mujer culta, de mucho mundo y bastante guapa en su juventud.  Ya escribí un post anterior de Emma Elena, mencionando cosas que se me hacen interesantes de su canción  Mucho Corazón .  Ahora que en nuestras épocas la hizo famosa Paquita la del Barrio, ya que resulta bastante suigeneris al cantar, porque cantantes cubiertas de lentejuelas hay en muchos bares.

En horas hábiles...

En horas hábiles guardar silencio. A veces debería guardar silencio, callar lo que veo, lo que escucho, voltear la cara y no darme cuenta; volver a mis oídos ciegos, y a mis manos mudas, a mi lengua un trapo y a mi corazón de mármol. Tendría que atar mis pasos, quemar mis ojos, pero resulta que no puedo. No vivo por pasar el rato ni acumulo ideas para ser más sabio ni me grabo lo que escucho para repetirlo solo, siempre a solas, bien alto. Peleé con algunos por lo que hago, un día crecieron notas de mis dedos y fueron otros los que las tocaron, me propuse extrañar tan sólo en un horario. Hablo de amor porque lo busco, intento comprenderlo y no me es fácil. Evito la intelectualidad tanto como puedo y me aburro como nunca con quien me toma por eso. Pasa que no estoy listo, nunca estoy listo, y todo me sorprende y me provoca. Me extrañan tanto los aplausos como los abucheos. Yo no espero otra cosa que no sea entendimiento, dejar una semilla curiosa que germine...